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Acercándose al Mindfulness

      

Casi siempre, por no decir siempre, son las crisis y/o sucesos y circunstancias adversas, las que nos empujan a buscar salidas a las mismas y, entonces suele ocurrir que encontremos herramientas como el "Mindfulness".

 

     Generalmente las situaciones adversas se caracterizan por diversos factores que nos superan. Puede ocurrir que: se nos junten demasiadas cosas, o nos sintamos atrapados y sin salida, o vivamos desamores, amores no correspondidos, desencuentros de todo tipo, o estar sobrecargados por responsabilidades ineludibles, dificultades económicas para hacer frente a la supervivencia, incertidumbre laboral, cambios vitales, enfermedades, frustraciones  acumuladas y no digeridas, pérdidas diversas. Y así se podrían seguir incluyendo muchísimas más adversidades, pero casi todas tendrían, en mayor o menor medida, la siguiente queja común: Sufrimos "Por no poder hacer, por no poder tener lo que queremos y/o necesitamos y por tener que vivir aquello que no queremos y/o necesitamos"...y/o por suponerlo así”

  Cuando sufrimos surge con urgencia la siguiente pregunta "qué hacer para salir de este estado”, y "tener lo que se quiere, sentir lo que se quiere, no tener que soportar lo que no se quiere", y en innumerables casos la respuesta es  "no  puedo, no sé", o, “los intentos de solución me sobrecargan, y además no puedo soltar las cargas que tengo y me sobran, me siento obligado a soportar aquello que no puedo soportar”. Esta es una actitud de aferramiento psicoemocional a "lo que debería ser" y no está siendo, en lugar de aceptar el dolor emocional de la despedida de lo idealizado y confiar en "lo que es" en el momento presente.

 

     Sin embargo, ha habido personas a las que las situaciones críticas les ampliaron su conciencia. En estas situaciones, cuando su sufrimiento alcanzó un estado cercano a la desesperación y  no pudieron y/o supieron que hacer, nos les quedó otra alternativa que el “parón forzado” en sus intentos de conseguir “sus deberías”. Gracias a este “parón” pudieron ser conscientes de que estaban comparando y valorando el presente con modelos ideales de referencia y por lo tanto aferrándose, tanto a modelos, situaciones pasadas, etc. que consideraban mejores, como a modelos ideales de referencia a los que aspiraban. Habían estado viviendo como si los resultados, la dirección, etc. que querían "debiera ser como ellos querían y necesitaban", y aquello que, para ellos, era indeseable, "no debería ser así". Y cuando, inevitablemente, se produjeron cambios en la dirección a la que estaban apegados, precisamente porque estaban apegados, sufrieron. Cuando La Vida les obligó a soltar lo anhelado o vivir lo temido, y se resistieron a soltarlo o a vivirlo, sufrieron inevitablemente. Se sintieron atrapados, sin salida, y sin poder seguir al ego.

      Se dieron cuenta de que el “ahora” continuaba presentándose, siempre estuvo, pero ellos no lo notaban, no lo veían,  incluso no lo querían, lo despreciaban, lo rechazaban, no lo utilizaban como recurso, no lo vivían. Pasaban muchas cosas, pero no eran conscientes de ellas, ya que estaban en la película del pasado y/o del futuro, y además sin ser conscientes de que se iban del presente. Identificaban la representación, que tenían en su mente, de la película del pasado o del futuro, con lo acontecido en el presente y, así, perdían el potencial del ahora.

     Se dieron cuenta de que las reacciones emocionales, sobre todo las negativas, ocupaban mucho espacio de su "disco personal" y esto les impedía disponer del espacio suficiente para utilizar sus recursos eficaces. Es decir, esta atención a lo negativo inhibía sus recursos positivos.   

     También se dieron cuenta de su patrón de reacciones automáticas y de que este patrón se produce principalmente por el miedo y la ansiedad. Bastaba un mínimo cambio que frustrase sus apegos para que el patrón se activara y se pusiera en marcha el "tiovivo" de reacciones para intentar eliminar el sufrimiento emocional. A veces reacciones que incluyen la autodestrucción. Así trataban de eliminar el dolor, con cadenas de reacciones ciegas y automáticas en lugar de con respuestas conscientes. De esta manera se sobreactivaban emocionalmente y eso les impedía responder creativamente, flexiblemente, equilibradamente, eficazmente, y en suma, adaptativamente al momento,  con lo cual perpetuaban las dificultades, y las extendían.

 

 Resumiendo. Este patrón de reacciones de rechazo/apego sería el siguiente:

 

a) Ante lo adverso, tratar de eliminarlo reaccionando ciega y automáticamente  con reacciones que producen el mantenimiento y extensión de la adversidad que se pretendía eliminar y

b) Ante lo placentero o deseado, tratar de poseerlo y fijarlo reaccionando ciega y automáticamente con reacciones que producen el mantenimiento de la frustración, el miedo a perder lo deseado, y  estrés por tratar de controlar lo incontrolable.

 

     Sin embargo, cuando pararon, en este caso obligados por La Vida, tuvieron la oportunidad  de ser conscientes de su patrón de reacciones de rechazo/apego, y entonces poder decidir cómo responder, cuando, y cuanto.

 

     En estos momentos aparecía la necesidad real y no la teórica de:

 

1. Aceptar e integrar la inevitabilidad de la adversidad. Ya que para ellos la adversidad y el sufrimiento eran inevitables, al menos en ese momento, a pesar de que creían que "las cosas no deberían ser así y que eso no era justo".

2. Tener la actitud de “El testigo”. En medio de esas dificultades a las que no veían salida, se les agotaron las soluciones, ya no les servían las antiguas interiorizaciones, y cuanto más se esforzaban en encontrar soluciones, solo se repetían las mismas, es decir, aquellas que ya no les servían y que incesantemente se repetían como un “tío vivo” dejándoles exhaustos en este proceso. Necesitaban bajarse del “tío vivo” y, dada la situación de “no saber”, no  podían hacer otra cosa que contemplarlo, ser testigo, y no luchar contra él, no esperar que parase, ya que parecía que nunca iba a parar, y así, tal vez, poder responder desde un nivel distinto que incluyera e integrara al “tío vivo” en vez de reaccionar ciegamente desde el mismo para detenerlo, lo cual le hacía girar aún más.

     Necesitaban ser más creativos. Presintieron que si dejaban de buscar soluciones donde ya no las encontraban, las soluciones tal vez podrían venir de otro lado. Así esperaron que las soluciones llegaran de un nivel distinto al que se habían generado.

3. Funcionar como una unidad. Recomponiendo el puzzle de sus recursos, ya que estos solo funcionan efectivamente cuando están integrados como una unidad en vez de como fragmentos en lucha.

 

Jesús Rodríguez Goñi.

                                                                                                                                      

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Dr. Jesús Rodríguez Goñi

(Dr. en Psicología con número de colegiado M-6504)

 

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